Alimentación en la infancia. ¿Es eficaz presionar a nuestros hijos para que coman?

En un estudio publicado en Appetite en 2007 llevado a cabo con una muestra socioeconómicamente diversa formada por 142 familias del jardín de infancia, se observó que el 85% de los padres intentó que sus hijos siguieran comiendo después de que éstos dijeran estar llenos, haciendo que los niños comieran más allá de sus señales o estímulos de hambre y saciedad. Atendiendo a esto, ¿qué sucede cuando presionamos a los niños para que coman lo que no quieren comer?

La Dieta Mediterránea y el riesgo cardiovascular

Todos hemos oído hablar de las bondades de la Dieta Mediterránea y sobre su efecto protector, a nivel poblacional, en la salud cardiovascular. En contraposición, los lípidos o grasas (colesterol, triglicéridos, etc.) han sido, a lo largo de los años, criminalizados sistemáticamente. Esto se debe, en parte, al hecho de que 1 g de grasa aporta, aproximadamente, 9 Kcal, frente a las 4 Kcal aportadas por 1 g de hidratos de carbono o proteínas. Además, la supuesta relación, directamente proporcional, que se presuponía entre el consumo dietético de grasas y la grasa corporal, tampoco ayudó. Actualmente, se sabe que hay grasas buenas y grasas no tan buenas.

El azúcar y la infancia

Me gustaría hablar sobre el azúcar y la nutrición infantil. En primer lugar, es de sobra conocido que un elevado consumo de azúcar en la primera etapa de la vida contribuye al desarrollo de caries y obesidad infantil, por ello, existen normativas nacionales y europeas que se encargan de la regulación de la máxima cantidad de azúcar que deben llevar los productos alimentarios infantiles.