Diarrea, ¿por qué se produce y cómo combatirla?

Podríamos definir la diarrea como la deposición, tres o más veces al día (o con una frecuencia mayor que la normal para la persona) de heces sueltas o líquidas. La deposición frecuente de heces de consistencia sólida no es diarrea. Normalmente se produce por una infección del tracto digestivo (ya sea por transmisión de persona a persona o por agua o comida contaminadas). Esta infección puede estar causada por virus, bacterias o, incluso, parásitos. También se puede producir por la alteración de alguna o varias funciones de nuestro intestino, como la motilidad, la digestión, la absorción, etc.

¿Cuáles son los beneficios reales de los probióticos?

De un tiempo a esta parte, los probióticos han sido añadidos a diversos alimentos o vendidos en farmacias para el tratamiento o prevención de diversas patologías, debido a la capacidad de estos microorganismos para competir con la microbiota intestinal patógena o modular la respuesta inmune del huésped. Entre otras cosas, se han usado para el tratamiento o prevención de enfermedades inflamatorias intestinales, intolerancias, alergias, cáncer, caries, etc. De hecho, el papel que pueden jugar los probióticos en la salud se ha venido investigando desde hace años. Aún así, a día de hoy, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no permite atribuir propiedades saludables a aquellos alimentos que contengan probióticos.

Intolerancia a la lactosa, ¿qué es y qué no es?

De manera natural, los mamíferos presentan cantidad suficiente de lactasa durante la lactancia para poder digerir y absorber la lactosa que contiene la leche. Con el paso del tiempo, a medida que el niño va creciendo y consumiendo menos leche, la producción de esta enzima va disminuyendo. Cuando el intestino no segrega lactasa o no lo hace en suficiente cantidad, la consecuencia directa es que este disacárido no puede ser hidrolizado y, por tanto, absorbido. Esta condición es la denominada intolerancia a la lactosa. En términos generales, los adultos y adolescentes con intolerancia pueden comer o beber al menos 12 g de lactosa (la cantidad que contiene un vaso de leche, aproximadamente) sin presentar síntomas o teniendo solo síntomas menores. Incluso esta cantidad podría ser mayor si se hacen pequeñas ingestas a lo largo del día o si se toma en las comidas.