5 mitos sobre algunos alimentos

Desde hace algunos años, con la criminalización de las grasas alimentarias que comenzó décadas atrás, alimentos tales como los frutos secos o el aguacate pasaron a ser vistos por la población como altamente calóricos, muy grasos y, por ende, a evitar. Un tiempo más tarde y tras varios estudios científicos de alto impacto después, pudimos conocer las recomendaciones nutricionales para la prevención y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad del consenso de la FESNAD-SEEDO en 2012, en cuyo documento se puede leer de manera textual la siguiente afirmación: «La adición de frutos secos a la dieta habitual no se asocia al aumento de peso corporal».

¿Cuáles son los beneficios reales de los probióticos?

De un tiempo a esta parte, los probióticos han sido añadidos a diversos alimentos o vendidos en farmacias para el tratamiento o prevención de diversas patologías, debido a la capacidad de estos microorganismos para competir con la microbiota intestinal patógena o modular la respuesta inmune del huésped. Entre otras cosas, se han usado para el tratamiento o prevención de enfermedades inflamatorias intestinales, intolerancias, alergias, cáncer, caries, etc. De hecho, el papel que pueden jugar los probióticos en la salud se ha venido investigando desde hace años. Aún así, a día de hoy, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) no permite atribuir propiedades saludables a aquellos alimentos que contengan probióticos.

Oda a lo Integral

Con este post quiero convenceros de algo: para la población general, tomar cereales integrales es mucho más saludable que tomar sus homólogos refinados. Pero primero quiero que sepáis lo que es un cereal, que conozcáis las partes que lo componen, que estéis al tanto de las ventajas de tomar los cereales enteros y que, además, seáis capaces de distinguir cuando un producto está elaborado a base de cereales integrales y cuando no.

El aceite de palma y sus circunstancias (parte II)

Hace unos años, el etiquetado permitía que se leyeran frases del tipo “hecho con aceite vegetal”, sin especificar la procedencia del aceite que se había usado. No fue hasta el año 2011 cuando la normativa europea publicó el Reglamento 1169/2011, mediante el cual se pretendía que la información alimentaria facilitada al consumidor fuera más clara. Esto hizo, entre otras cosas, que los países miembros tuvieran que adaptar la ley, consiguiendo que hubiera que especificar, por ejemplo, qué tipo de aceite vegetal se había utilizado para la elaboración de un producto alimentario, aunque no fue hasta el 13 de diciembre de 2014 cuando entró en vigor.

El aceite de palma y sus circunstancias (parte I)

El aceite de palma es un aceite o grasa vegetal que se obtiene de la pulpa o mesocarpio del fruto de la palma, siendo el más común el aceite de la palma africana (Elaeis guineensis). Actualmente, después de ser introducida en Asia y América, el cultivo mayoritario se produce en Malasia y en Indonesia. Otros países importadores de este aceite son Tailandia, Colombia, Papúa Nueva Guinea, Camboya, Brasil, África occidental o México. Aunque sus principales usos se destinan a la industria alimentaria, también está presente en otras, como la industria cosmética.

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