¿Qué pasó con el desayuno de nuestras defensas?

Hoy voy a hablar de lo que pasó con el desayuno de nuestras defensas. Me refiero a lo sucedido con una de las más famosas leches fermentadas del mercado, comercializada por una empresa muy conocida a la que llamaremos La Empresa. En un primer momento, y al no haber evidencia de que la leche fermentada, enriquecida con su famoso y patentado Lactobacillus “ayudara a nuestras defensas” (1), se produjo la prohibición, por parte de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), de éste falso eslogan publicitario. Una vez asestado este duro golpe a La Empresa, pudo parecer que la multinacional se quedó sin recursos, pero no fue así. De hecho, poco más tarde, se pudo leer otro eslogan muy similar al anterior: “ayuda al normal funcionamiento de tu sistema inmunitario”, ¿cómo era esto posible después de la prohibición de la EFSA?

Resulta que, en mayo de 2012 se publicaba el Reglamento de la Comisión Europea Nº 432/2012, por el que se establece una lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos, distintas de las relativas a la reducción del riesgo de enfermedad y al desarrollo y la salud de los niños (2). En el mencionado reglamento podemos encontrar una “Lista de propiedades saludables autorizadas”. En dicha lista, aparece un nutriente o sustancia, la declaración permitida (en un producto alimentario que contenga dicha sustancia) y las condiciones de uso de cada declaración, entre otras cosas. Pues bien, resulta que La Empresa movió ficha de manera muy ingeniosa; añadió vitamina B6 (piridoxina) a su leche fermentada. Y es que, según se puede leer en el mencionado Reglamento de la UE, si un producto alimentario contiene piridoxina (cumpliéndose una serie de criterios), es lícito afirmar que dicho producto ayuda al normal funcionamiento del sistema inmunitario. Resulta lógico pensar que el consumidor va a seguir comprando este alimento debido a dicha característica funcional, sin saber que la famosa leche fermentada no ayuda al normal funcionamiento del sistema inmune debido al Lactobacillus patentado que contiene, sino que es la vitamina B6 a la que se le atribuye esta propiedad. Lo que los consumidores quizás no sepan es que ésta vitamina se encuentra en carnes, pescados, frutos secos, verduras (3), etc.

Por si queréis ampliar información, aquí tenéis un post de José M López Nicolás, donde lo explicó todo de una manera magistral, hace ya 5 años.

Bibliografía:

  1. Meléndez-Illanes L, González-Díaz C, Chilet-Rosell E, Álvarez-Dardet C. Does the scientific evidence support the advertising claims made for products containing Lactobacillus casei and Bifidobacterium lactis? A systematic review. J Public Health (Oxf). 2016 Sep;38(3):e375-e383. Epub 2015 Oct 29.
  2. Diario Oficial de la Unión Europea. REGLAMENTO (UE) No 432/2012 DE LA COMISIÓN de 16 de mayo de 2012 por el que se establece una lista de declaraciones autorizadas de propiedades saludables de los alimentos distintas de las relativas a la reducción del riesgo de enfermedad y al desarrollo y la salud de los niños [Internet]. 2012 [consultado el 10 Enero de 2017]. Disponible en: https://www.boe.es/doue/2012/136/L00001-00040.pdf
  3. Moreiras O, Carbajal A, Cabrera L, Cuadrado C. TABLAS DE COMPOSICIÓN DE ALIMENTOS. Guía de prácticas. 18 ª ed. Madrid: Pirámide; 2016.

Ciencia VS Charlatanería

La investigación científica puede llevarse a cabo mediante diversos tipos de diseños; estudios experimentales, de cohortes, de casos-controles, de prevalencia, etc. Cada uno de estos tipos de diseños de estudio será empleado en función de lo que se quiera estudiar, de la población de estudio, del método de recogida de datos, de si el investigador asigna o no el factor a estudiar, de la finalidad que se busque y de otras muchas variables (1). Por tanto, existen muchos y muy diversos tipos de estudios científicos que son, al fin y al cabo, a partir de los cuales se va generando nuevo conocimiento que, por ejemplo, es el que utilizamos los sanitarios para prescribir una actividad, recomendar unas pautas de alimentación o recetar un fármaco.

Cuando los científicos hablamos de defensores de las pseudociencias, charlatanes o chamanes, lo hacemos porque lo que promulgan no ha pasado por el filtro del método científico y no han logrado demostrar que lo que dicen es cierto, por lo que se escudan en afirmaciones del tipo: “demuestra que lo que digo no es verdad”. Si seguimos esta premisa, y afirmamos que tragar tierra es sano, para el charlatán no habría que demostrar que sea sano tragar tierra, como haría un científico, sino que bastaría con su “experiencia personal”, ya fuera real o inventada. Además, el charlatán sustentaría su teoría con una lógica fácil de entender y atractiva.

En su mayoría, este tipo de charlatanes o embaucadores, como los llama Julio Basulto, se escudan en los miedos, esperanzas y creencias de la gente para perpetrarse en sus engaños. La población los cree, en ocasiones, porque el método que proponen les “ha funcionado”, ya sea a ellos mismos o a algún conocido. Si basáramos la ciencia y la generación de nuevo conocimiento científico en función de si a alguien particular le funciona algo o si algo resulta negativo para una persona concreta, podríamos decir que la lactosa siempre provoca malas digestiones (si nos basáramos en que la persona que lo dice es intolerante), que los frutos secos son mortales (si la persona es alérgica), o que hacer deporte mata (si la persona tenía una cardiopatía y ha tenido una parada cardiorespiratoria en una carrera). Para evitar esto, existe la ciencia, que no basa su cocimiento en este tipo de experiencias personales, sino que se basa en sacar conclusiones partiendo de una muestra, formada por un grupo representativo de la población que se pretende estudiar.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que cien personas toman veneno. De estas cien personas, mueren noventa y nueve, pero uno sigue vivo por causas desconocidas. Este superviviente, jubiloso, no sólo no ha muerto, sino que refiere encontrarse mejor que antes, por lo que va proclamando que el veneno es beneficioso. Se anima a escribir un libro, abre un blog y aparece en televisión sosteniendo su teoría e incluso rebatiendo a un bioquímico riguroso. Visto así no tiene ningún sentido, ¿verdad?

Imaginemos ahora que cien personas toman homeopatía para una lumbalgia. De éstas, una afirma que la homeopatía le ha ayudado a paliar el dolor, mientras que el resto no ha notado absolutamente nada… ¿me seguís?

Evidentemente, estos son meros ejemplos para hacer la explicación más sencilla. En los ensayos clínicos no sólo se da un fármaco o una intervención, sino que ésta se compara con un placebo para tener en cuenta el factor psicológico que supone la sugestión personal. Y, como ya he mencionado anteriormente, no sólo de ensayos vive el hombre; también hay estudios de casos-controles, de cohortes, etc.

Generalmente, debemos ser críticos y sospechar de quienes intenten venderos “su producto milagroso“, “su método alternativo” o su “terapia milenaria“. No sólo nos pueden sacar el dinero, sino que pueden resultar peligrosos, pudiendo llegar a convencernos de que dejemos la terapia médica convencional. Y es que, como dice Julio Basulto, “Al embaucador no le trata un médico, sino un maestro sanador  extrasensorial; no le cura un fármaco, sino hierbas milenarias“.

Bibliografía:

  1. Arigmón Pallás JM, Jiménez Villa J. Métodos de investigación clínica y epidemiológica. 3ª ed. Madrid: Elsevier; 2004.

El azúcar y la infancia

Me gustaría hablar sobre el azúcar y la nutrición infantil. En primer lugar, es de sobra conocido que un elevado consumo de azúcar en la primera etapa de la vida contribuye al desarrollo de caries y obesidad infantil, por ello, existen normativas nacionales y europeas que se encargan de la regulación de la máxima cantidad de azúcar que deben llevar los productos alimentarios infantiles.

Tristemente, opino (y no sólo yo), que la normativa dista mucho de la idoneidad, de hecho, la actual prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil en nuestro país (cercana al 40%) es una prueba de ello. Entrando en detalle, nos damos cuenta de que, dicha normativa, permite, en el caso de cereales, bizcochos y galletas, que hasta el 30% de la energía total de este tipo de productos se obtenga de los azúcares1. Algo que parece increíble y, más aún, después de que la evidencia científica haya demostrado con creces que el azúcar libre y/o las bebidas azucaradas son altamente obesogénicas2,3.

Volviendo a ejemplos concretos, la directiva permite que hasta 15 g de 100 ml para los zumos de fruta y néctares sean azúcares, ¿es recomendable esta ingesta?, ¿un zumo es sustituto de una ración de fruta? La respuesta es no. Un estudio publicado por científicos de las universidades de Liverpool y Londres concluyó, tras analizar más de 200 bebidas infantiles, que el contenido de azúcar era inaceptablemente alto, aconsejando a las comercializadoras de estas bebidas que dejaran de añadirles azúcar4. Y no sólo ocurre con las bebidas comercializadas, los zumos caseros, aún incluyendo la pulpa de la fruta, tampoco deben sustituir a una pieza de fruta, ya que el azúcar en ellos contenida se considera azúcar libre, siendo muy distinta la respuesta metabólica que provoca masticar una fruta de la que provoca bebérsela4.

Bibliografía:

  1. Basulto J, Ojuelos FJ, Baladia E, Manera M. Azúcares en alimentos infantiles. La normativa española y europea, ¿a quién protege?. Rev Pediatr Aten Primaria. 2016;69:e47-e53. Publicado en Internet: 31/03/2016. Disponible en: http://www.pap.es/files/1116-2098 pdf/10_RPAP_Azu%C3%ACcar%20en%20alimentos%20infantiles.pdf
  2. Moynihan PJ, Kelly SA. Effect on caries of restricting sugars intake: systematic review to inform WHO guidelines. J Dent Res. 2014;93:8-18.
  3. Te Morenga L, Mallard S, Mann J. Dietary sugars and body weight: systematic review and meta-analyses of randomised controlled trials and cohort studies. BMJ. 2013;346:e7492.
  4. Boulton J, Hashem KM, Jenner KH, et al. How much sugar is hidden in drinks marketed to children? A survey of fruit juices, juice drinks and smoothies BMJ Open 2016;6:e010330. doi: 10.1136/bmjopen-2015-010330