La insulina y el ejercicio físico

La insulina es una hormona secretada por las Células β de los islotes de Langerhans en el páncreas endocrino. Posee un efecto anabólico y anticatalítico y va a llevar a cabo acciones no sólo en el metabolismo de los glúcidos, sino también en el de los lípidos y proteínas.  En cuanto a los glúcidos, la insulina favorece el uso de la glucosa como combustible metabólico, aumentando la captación de glucosa por parte de las células. Niveles altos de glucosa en sangre favorecen la secreción de insulina, la cual provocará la disminución de la glucemia, haciendo que cese la liberación de insulina (feedback negativo).

¿Cómo obtenemos la energía ante el ejercicio físico?

Durante un trabajo o ejercicio físico, el cuerpo humano y los músculos que lo componen necesitan obtener energía. Para ello, el organismo dispone, principalmente, de tres vías o sistemas para obtener ATP (adenosín trifosfato) y, en consecuencia, energía. El ATP no es otra cosa que un nucleótido formado por una base nitrogenada (adenina), un monosacárido (ribosa) y tres grupos fosfato que se encuentran enlazados con el carbono 5 de dicho monosacárido. Para la obtención de energía, el ATP se hidroliza, dando lugar a ADP (adenosín difosfato) y un grupo fosfato que queda libre. Esta catálisis será la encargada de la liberación de energía.

Las proteínas y el deporte

El mundo del ejercicio físico, como habréis notado, está lleno de mitos. En muchos gimnasios se suele respirar un ambiente de pseudociencia y “amimefuncionismo” que puede resultar peligroso o, al menos, hacer que nos gastemos el dinero para nada. Consejos basados en experiencias personales y en revistas de musculación se perpetúan y llegan a oídos de los ciudadanos de a pie que sólo han ido al gimnasio a perder algún kilo y acaban convirtiéndose en consumidores de batidos, suplementos y complejos vitamínicos; algún día hablaré de estos últimos, pero hoy no. Hoy hablaremos de las proteínas.