5 mitos sobre algunos alimentos

“Los frutos secos engordan”
Desde hace algunos años, con la criminalización de las grasas alimentarias que comenzó décadas atrás, alimentos tales como los frutos secos o el aguacate pasaron a ser vistos por la población como altamente calóricos, muy grasos y, por ende, a evitar. Un tiempo más tarde y tras varios estudios científicos de alto impacto después, pudimos conocer las recomendaciones nutricionales para la prevención y el tratamiento del sobrepeso y la obesidad del consenso de la FESNAD-SEEDO en 2012 (1), en cuyo documento se puede leer de manera textual la siguiente afirmación: «La adición de frutos secos a la dieta habitual no se asocia al aumento de peso corporal». Además, cuatro años después se publicó un metaanálisis en la revista BMC Medicine (2) en el que se pudo conocer que un mayor consumo de frutos secos se relacionaba con un menor riesgo de padecer cáncer, enfermedades cardiovasculares o respiratorias, diabetes o infecciones, entre otras. Si a estos factores les sumamos el elevado poder saciante, podríamos incluso incluirlos en dietas para pérdida de peso (aunque pudiera resultar paradójico).

“El consumo de huevos eleva el colesterol, luego aumenta el riesgo cardiovascular”
Muchos habrán oído esta frase que, además, fue perpetuada por sanitarios durante bastantes años (de hecho, algunos la siguen usando). Esta conjetura surgió de una premisa que en principio parecía lógica: los huevos son ricos en colesterol, luego deben elevar los niveles de colesterol sérico (en sangre). Con respecto a esto, y si nos vamos a las revisiones más recientes, podemos observar que la asociación entre el consumo de este alimento y el aumento del riesgo cardiovascular es muy tenue (3). La inmensa mayoría de estudios científicos de rigor coinciden en que, a nivel poblacional, la ingesta de huevos no se relaciona con un aumento del riesgo cardiovascular (3,4,5). De hecho, hasta siete huevos por semana pueden ser consumidos sin problema en personas sin problemas de salud (4). Además, la incorporación de los huevos en la dieta no solo no aumentaría este riesgo cardiovascular, sino que podría ser un factor protector ya que, en términos generales y por su composición de ácidos grasos, el perfil lipídico del huevo lo hace nutricionalmente muy interesante y, además, poco aterogénico (5).

“La fruta contiene azúcares, luego no se recomienda en personas con diabetes”
Las frutas contienen azúcares naturalmente presentes en ellas entre los que destaca la fructosa. De ahí que surgiera este mito sin sustento científico. De hecho, la American Diabetes Association (ADA) recomienda un patrón dietético abundante en frutas, vegetales y granos enteros (entre otros) para el correcto manejo de la diabetes (6). Además, el consumo regular de fruta se asocia con menor riesgo de mortalidad por múltiples causas (7), entre ellas, causas de origen cardiovascular (8). Por lo tanto y atendiendo a la evidencia científica disponible, no parece lógico recomendar la exclusión de frutas en pacientes con diabetes sino todo lo contrario: la recomendación de varias piezas de fruta al día sería lo adecuado. Como es lógico, esto no excluye que en pacientes insulinodependientes se deba llevar a cabo una correcta monitorización de los hidratos de carbono que se ingieran. Por último, también conviene saber que la ADA afirma que la fructosa de la fruta puede favorecer un mejor control de la glucemia en comparación con la sacarosa o el almidón a misma cantidad de ingesta (9).

“El vino o la cerveza son buenos para la salud”
Muchísima gente habrá oído esta frase no solo de la boca de algún familiar, sino incluso dicha por algún médico de atención primaria o cardiólogo. Lo cierto es que el World Cancer Research Fund International se ha pronunciado en varias ocasiones al respecto, manteniendo que no está recomendado el consumo de bebidas alcohólicas si atendemos a la evidencia científica que hay con respecto al cáncer. De hecho, a mayor cantidad consumida, mayor riesgo de desarrollarlo (10). Aunque, quizás, la frase más oída haya sido la de: «el vino en moderación es bueno para el corazón». Este mito, derivado de la famosa «paradoja francesa», se fue afianzando en la cultura popular de la cuenca mediterránea durante años. En 2014 se publicó un metaanálisis de 56 estudios epidemiológicos al respecto (11) cuya conclusión fue que la reducción del consumo de alcohol es beneficiosa para la salud cardiovascular (incluso en bebedores ocasionales y en bebedores con un consumo moderado). Por lo tanto, no pareciera que recomendar el consumo de alcohol, ni siquiera de un modo moderado, sea lo más adecuado.

“Beber agua engorda”
Este mito he querido dejarlo para el final porque me pareció el más absurdo. Hace unas semanas me quedé atónito cuando vi que un conocido lo compartió en las redes sociales. El agua es una molécula que está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno y, hasta donde yo sé, el ser humano no es capaz de obtener energía de ella. Además, hay otros perpetuadores de mitos que mantienen que el agua no engorda en sí misma, sino que lo que hace es hacernos engordar por mecanismos «psicocuánticos», «ayurvédicos» o «vudús». El agua ni engorda ni adelgaza, pero lo cierto es que, si atendemos a la evidencia científica y según podemos leer en una revisión sistemática publicada en 2013 en The American Journal of Clinical Nutrition (12), los estudios en individuos que hicieron dieta para perder o mantener peso sugirieron una ligera reducción del mismo si aumentaba el consumo de agua, aunque esta evidencia es aún muy limitada por la falta de estudios científicos de calidad al respecto llevados a cabo hasta la fecha (bebes agua, tu estómago se llena y no le cabe tanta comida, pero OJO: esto no quiere decir que la solución al sobrepeso y la obesidad esté en hincharse a agua antes de comer, sino que es algo anecdótico a lo que he hecho alusión para justificar y dejaros claro que el agua no engorda).

BIBLIOGRAFÍA:
1. Gargallo Fernández M, Basulto Marset J, Breton Lesmes I, el al. Evidence-based nutritional recommendations for the prevention and treatment of overweight and obesity in adults (FESNAD-SEEDO consensus document): Methodology and executive summary (I/III). Nutr. Hosp. [Internet]. 2012 June [cited 2018 May 26] ; 27( 3 ): 789-799. Available from: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112012000300016&lng=en. http://dx.doi.org/10.3305/nh.2012.27.3.5678.
2. Aune D, Keum N, Giovannucci E, et al. Nut consumption and risk of cardiovascular disease, total cancer, all-cause and cause-specific mortality: a systematic review and dose-response meta-analysis of prospective studies. BMC Medicine. 2016;14:207. doi:10.1186/s12916-016-0730-3.
3. Blesso CN, Fernandez ML. Dietary Cholesterol, Serum Lipids, and Heart Disease: Are Eggs Working for or Against You? Nutrients. 2018; 29;10(4). doi: 10.3390/nu10040426.
4. Geiker NRW, Larsen ML, Dyerberg J, Stender S, Astrup A. [Eggs do not increase the risk of cardiovascular disease and can be safely consumed]. Ugeskr Laeger. 2017; 15;179(20).
5. Dussaillant C, Echeverría G, Rozowski J, Velasco N, Arteaga A, Rigotti A. Egg intake and cardiovascular disease: a scientific literature review. Nutr Hosp. 2017; 5;34(3):710-718. doi: 10.20960/nh.473.
6. Nutrition Recommendations and Interventions for Diabetes. American Diabetes Association. Diabetes Care. 2008; 31 (Supplement 1) S61-S78; doi: 10.2337/dc08-S061
7. Nöthlings U, Schulze MB, Weikert C, et al. Intake of vegetables, legumes, and fruit, and risk for all-cause, cardiovascular, and cancer mortality in a European diabetic population. J Nutr. 2008;138(4):775-81.
8. Wang X, Ouyang Y, Liu J, et al. Fruit and vegetable consumption and mortality from all causes, cardiovascular disease, and cancer: systematic review and dose-response meta-analysis of prospective cohort studies. BMJ. 2014;349:g4490. doi: 10.1136/bmj.g4490.
9. Evert AB, Boucher JL, Cypress M, et al. Nutrition therapy recommendations for the management of adults with diabetes. Diabetes Care. 2013;36(11):3821-42. doi: 10.2337/dc13-2042.
10. Scoccianti C, Cecchini M, Anderson AS, et al. European Code against Cancer 4th Edition: Alcohol drinking and cancer. Cancer Epidemiol. 2016;45:181-188. doi: 10.1016/j.canep.2016.09.011.
11. Holmes MV, Dale CE, Zuccolo L, et al. Association between alcohol and cardiovascular disease: Mendelian randomisation analysis based on individual participant data. BMJ. 2014;349:g4164. doi: 10.1136/bmj.g4164.
12. Muckelbauer R, Sarganas G, Grüneis A, et al. Association between water consumption and body weight outcomes: a systematic review. Am J Clin Nutr. 2013; 98:2. https://doi.org/10.3945/ajcn.112.055061.

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