Analizando el etiquetado de unos “snacks saludables”

Hace poco un amigo me envió una foto donde se apreciaba el etiquetado de unos “snacks jamón ibérico” que compró porque “son sanos y adelgazan”, según sus propias palabras. Aunque, al no estar seguro del todo, me pidió consejo. Y la verdad es que, a simple vista, uno entiende que los consumidores interpreten que estos snacks sean “saludables”: en la parte frontal de la bolsa se puede leer “NO FRITO” y la marca que los comercializa siempre ha tenido un aura de “fitness” o “bajo en calorías”. El caso es que mi amigo me pidió que le ayudara a saber si eran sanos o no. ¿En qué me fijé para responder a su pregunta?

INGREDIENTES

Efectivamente, primero me fijé en los ingredientes, recordando siempre que el primer ingrediente es el que va a estar en mayor proporción en el producto, el segundo es el segundo en proporción y así sucesivamente. Pues bien, como podéis observar (tenéis la imagen abajo), el 80% del producto es maíz y arroz (no integral, por supuesto, de ser así pondría “…integral” o “…de grano entero”). Bien, nos encontramos con dos cereales desprovistos de su salvado y germen, ¿qué nos queda? El endospermo, es decir, almidón que nuestro intestino “romperá” en monómeros de glucosa… ¿y entonces qué? Pues tenemos una fuente de calorías vacías sin ningún interés nutricional.

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Seguimos con el etiquetado y ¿qué nos encontramos? Aceites vegetales (girasol alto oleico y oliva). El aceite de girasol alto oleico es una variedad de este aceite de semillas que, como su nombre indica, posee una cantidad mayor de ácido oleico (ácido graso monoinsaturado, muy presente en el aceite de oliva), lo que hace que aguante mejor las altas temperaturas, siendo más estable y algo más interesante, nutricionalmente hablando, que el aceite de girasol de toda la vida (no todo va a ser malo… hubiera sido peor aceite de palma).

Seguimos…

¡El producto tiene aceite de oliva! Pero no nos dejemos engañar, se trata de aceite de oliva a secas, es decir, es un aceite de oliva refinado (no es “virgen” o “virgen extra”), por lo que lo interesante se quedó por el camino.

Seguimos profundizando en los ingredientes y nos encontramos con aroma sabor jamón, derivados lácteos, sal (ahora veremos la cantidad de sal que lleva), dextrosa (sinónimo de glucosa, es decir, azúcar), potenciador de sabor, maltodextrina (grupos de 5 a 10 monómeros de glucosa, fácilmente digeribles), más aromas, aceite de palmiste (aceite de la semilla del fruto de la palma)…

Resumiendo, al fijarnos en los ingredientes, nos encontramos con un producto hecho a base de cereales refinados (80%), con aceites vegetales (uno medio decente y los otros no), aromas, azúcar y sal.

INFORMACIÓN NUTRICIONAL

¿Qué es lo primero en lo que la gente se suele fijar? En las calorías. Estos snacks tienen 458 kcal por cada 100 g y cada bolsita de snacks conteniene 70 g. Es decir, si nos comemos la bolsa entera (algo nada raro, ya que son solo 70 g y es un producto bastante palatable), estaríamos ingiriendo 320 kcal de un producto alimenticio nutricionalmente pobre.

Vayamos al azúcar… ¡qué sorpresa! Si casi no tiene azúcar, solo 0,7 g por cada 100 g. ¡Alto! Recordemos que contiene un 80% de cereales refinados, es decir, almidón que será azúcar y nada más que azúcar (energía, calorías vacías… como queráis). Además, hemos visto que también lleva dextrosa y maltodextrina. ¿Veis? Aunque a simple vista el producto parece ser bajo en azúcar, si indagamos algo, nos damos cuenta de que posee ingredientes que, de una manera bastante rápida, van a ser transformados en azúcar y absorbidos por nuestro intestino.

¿Y la sal? El producto contiene 3,1 g de sal por cada 100 g de producto. Nuestro Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad habla de un alimento con mucha sal, cuando ésta es igual o superior a 1,25 g por cada 100 g. Es decir, nuestro snack tiene bastante sal.

¿Y la fibra? Para que un alimento sea catalogado como “fuente de fibra“, éste tiene que tener, como mínimo, 3 g por cada 100. Y para tener “alto contenido en fibra”, debe tener 6 g o más por cada 100 g de producto. Nuestros snacks tienen 1,5 g de fibra (¡FAIL!).

Además, nos encontramos con que contienen 15 g de grasa (1,7 g de grasas saturadas) y 7,9 g de proteínas. Si solo nos fijáramos en esto y no tuviéramos en cuenta los ingredientes, no sabríamos de donde proceden estas grasas y proteínas, pero sí lo sabemos: no proceden de las mejores fuentes. ¿Queréis una buena fuente de grasa y proteína? Tomaos un par de huevos fritos con aceite de oliva virgen extra o un salmón al horno.

CONCLUSIÓN

Siempre digo que lo realmente importante es que compremos alimentos y no productos alimentarios. Esta es la manera de no fallar. Es decir, si queremos tomar algo entre comidas, será muchísimo mejor que optemos por una pieza de fruta o unos frutos secos que por un producto ultraprocesado hecho con 10 ingredientes. Y estad tranquilos, los frutos secos son saludables y no engordan. ¿Con esto qué quiero decir? Que, por favor, no penséis que tomar un producto ultraprocesado os está aportando salud, porque en la mayoría de los casos no es así. De hecho, los productos ultraprocesados suelen contener harina refinada, grasas de mala calidad, sal y azúcar, siendo muy pobres nutricionalmente. Aunque veamos unas galletas o unos snacks que parecen muy saludables, probablemente no lo sean y, desgraciadamente, no es nada fácil saber interpretar el etiquetado de los productos alimentarios hoy en día. Así que ya sabéis, ¡comed comida real!

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