Intolerancia a la lactosa, ¿qué es y qué no es?

La fiebre de los productos “sin” se ha apoderado del español medio y, cada vez más, solemos comprar productos catalogados como “sin gluten” o “sin lactosa“. Este tipo de declaraciones en la etiqueta de los productos alimentarios hace que pensemos que son más saludables o más “digestivos”. La leche y, más concretamente, la lactosa han ido cogiendo muy mala fama con el paso de los años, de tal manera que es no es raro encontrar hogares donde se tome, a menudo, leche “sin lactosa“. ¿Consumir este tipo de productos tiene justificación? Para saberlo, empecemos por el principio…

¿Qué es la lactosa?

La lactosa es el azúcar de la leche de los mamíferos, incluyendo la leche humana, donde la proporción de lactosa es de unos 7 g/100 ml frente a las leches de vaca, oveja o cabra, donde está presente en menor cantidad (Figura 1) (1). Como es lógico, también se encuentra en productos o derivados lácteos, aunque en una proporción menor. La lactosa es un disacárido, es decir, está formada por dos monosacáridos (glucosa y galactosa) (2).

leches
Figura 1. Cantidad de lactosa según el mamífero. Fuente: ADILAC [Internet]. Asociación de intolerantes a la lactosa de España; 2016

La lactasa, en cambio, es una enzima del grupo de las β-galactosidasas que se encarga de catalizar la reacción de ruptura del mencionado enlace glucosídico de la lactosa (Figura 2), de tal manera que la desdobla o rompe en galactosa y glucosa para que estas puedan ser absorbidas por el intestino (1,2). Es segregada por células epiteliales que recubren las vellosidades intestinales del yeyuno (2).

Lactasa2
Figura 2. Hidrólisis de la lactosa. Fuente: Revenga. Intolerancias que son la leche: Intolerancia a la lactosa [Internet]; 2012. Disponible en: http://juanrevenga.com/2012/04/intolerancias-que-son-la-leche-intolerancia-a-la-lactosa/

De manera natural, los mamíferos presentan cantidad suficiente de lactasa durante la lactancia para poder digerir y absorber la lactosa que contiene la leche. Con el paso del tiempo, a medida que el niño va creciendo y consumiendo menos leche, la producción de esta enzima va disminuyendo (3).

¿Qué es la intolerancia a la lactosa?

Cuando el intestino no segrega lactasa o no lo hace en suficiente cantidad, la consecuencia directa es que este disacárido no puede ser hidrolizado y, por tanto, absorbido. Esta condición es la denominada intolerancia a la lactosa. En términos generales, los adultos y adolescentes con intolerancia pueden comer o beber al menos 12 g de lactosa (la cantidad que contiene un vaso de leche, aproximadamente) sin presentar síntomas o teniendo solo síntomas menores (4). Incluso esta cantidad podría ser mayor si se hacen pequeñas ingestas a lo largo del día o si se toma acompañada de otros alimentos (4,5).

La ADILAC (Asociación de intolerantes a la lactosa de España) distingue 3 niveles en función de la cantidad diaria de lactosa que se es capaz de digerir (1):

  • Nivel de intolerancia bajo: de 9 a 12 g de lactosa al día.
  • Nivel de intolerancia medio: de 5 a 8 g de lactosa al día.
  • Nivel de intolerancia alto: hasta 4 g de lactosa al día.

Queda claro, por tanto, que la intolerancia de lactosa depende de la dosis que el individuo sea capaz de asimilar. Esta intolerancia no depende sólo de la producción de lactasa en el intestino, sino que hay otros factores que influyen (5): la flora intestinal, la motilidad, la sensibilidad gastrointestinal a la generación de gases, etc.

A su vez, la intolerancia a la lactosa podría clasificarse, según su origen, en (2,4,5):

  • Intolerancia primaria: es la derivada de la disminución progresiva de la actividad de la lactasa tras el destete, hasta que ésta es nula o casi nula (2,5). Unos dos tercios de la población mundial sufren este tipo de intolerancia (2,5).
  • Intolerancia secundaria: es la que se produce a consecuencia de alguna afección pasajera del aparato digestivo (infecciones, enfermedades inflamatorias intestinales, cirugías abdominales, etc.) (2,5).
  • Deficiencia congénita de lactasa: se trata de una enfermedad metabólica extremadamente rara en la que el niño ha nacido con esta condición, por lo que no puede digerir la lactosa ni siquiera durante la lactancia. Es muy infrecuente y actualmente se trata con los preparados artificiales formulados sin lactosa (2,5).
  • Existe un cuarto tipo de intolerancia que es la que presentan algunos neonatos prematuros. Suele durar un muy breve periodo de tiempo (4).

Se cree que, antes de que el ser humano fuera capaz de utilizar la leche de rumiantes como alimento, la mayoría de personas eran intolerantes a la lactosa en la edad adulta. Esto ha podido ir cambiando a lo largo de los siglos debido a 3 factores (4): mutaciones en poblaciones concretas (especialmente en nómadas africanos y sociedades celtas del norte de Europa, convirtiéndose en personas que toleraban la lactosa),  la capacidad de desarrollar productos bajos en lactosa (como yogur o queso) y la adaptación del microbioma del colon.

Sintomatología y detección de la intolerancia

Si la lactosa no se digiere, se queda en la luz intestinal (2), aumentando la carga osmótica y con ello el contenido de agua en el intestino. Además, la lactosa pasa al colon, donde es fermentada por la microbiota, produciendo ácidos grasos de cadena corta, metano (CH4), hidrógeno (H2) y dióxido de carbono (CO2). Todas estas circunstancias provocan síntomas digestivos, tales como (1,2,5,6):

  • Distensión y dolor abdominal.
  • Flatulencia.
  • Diarrea.
  • Náuseas y vómitos.
  • Estreñimiento.
  • Borborigmos (sonidos abdominales, los famosos “ruidos de tripas”).

Los principales síntomas que pueden hacer sospechar, al menos en un principio, de la existencia de una intolerancia a la lactosa son los anteriormente descritos. Si bien, esta sintomatología digestiva también pueden deberse a otro tipo de patologías, como el síndrome del intestino irritable (SII) (5,6).

Para el diagnóstico de la enfermedad, se dispone de un conjunto de pruebas de tolerancia a la lactosa (6). Sirven para medir la capacidad que tiene el intestino a la hora de descomponer éste azúcar. Podríamos diferenciar entre:

  • Prueba del aliento (6, 7, 8), donde se determina el nivel de hidrógeno expirado antes y después de la ingestión de lactosa. Tras la ingesta del mencionado azúcar, dicho nivel se verá aumentado si se tienen dificultades para descomponerlo (7,8).
  • Prueba de tolerancia a lactosa. Consiste en medir la glucemia (glucosa en sangre) tras la ingestión de lactosa (a la media hora, a la hora y a las dos horas) (8). Si ésta se descompone, la glucemia se verá aumentada (7).
  • pH de las heces. El pH fecal varía en el caso de que la microbiota haya fermentado la lactosa o no (9). Es decir, si hay intolerancia, la acidez de las heces aumenta (8).

La medición de la actividad de la lactasa en el yeyuno también se ha postulado como una opción diagnóstica muy eficaz, pero resulta muy invasiva. A esto hay que sumar la irregularidad de la dispersión de la actividad de la lactasa en el yeyuno. Estos dos hechos hacen que esta prueba diagnóstica esté en desuso (9).

¿En qué alimentos encontramos lactosa?

Como es lógico, la lactosa se encuentra en la leche y en productos y derivados lácteos (queso, yogur, helados, leches fermentadas, cuajadas, etc.) (Figuras 3) (1,6). Si bien, estos últimos suelen ser mejor tolerados que la leche. Por ejemplo, en el caso de los yogures o leches fermentadas, las bacterias hidrolizan la lactosa, reduciendo la cantidad de la misma en el producto final. Además, al ser más sólidos y viscosos que la leche, el vaciado gástrico se retrasa y la lactosa se libera de una manera más lenta al intestino, por lo que su digestión es más pausada y eficaz (1). Otro ejemplo lo podríamos encontrar en el queso: una ración de queso (tipo cheddar, provolone o mozzarella) tiene entre 0,3 y 1 g de lactosa, mientras que un vaso de leche puede contener entre 11 y 13 g de la misma (4). También existen medicamentos o embutidos que presentan lactosa en su composición, aunque en cantidades no muy elevadas (8).

lactosa-alimentos
Figura 3. Productos con lactosa. Fuente: elaboración propia.

¿Qué hay de los productos sin lactosa?

Comenzar a tomar alimentos catalogados como “sin lactosa” (Figura 4) parece no tener sentido a no ser que padezcamos intolerancia a este azúcar, es decir, para personas no intolerantes, la leche no es más o menos saludable por contener lactosa o no. De hecho, la liberación de lactasa en el yeyuno parece relacionarse con la historia dietética, es decir, el consumo de alimentos que contienen lactosa induce la producción de la mencionada enzima (11,12). Más concretamente, si se deja de consumir lactosa, la síntesis de lactasa va decreciendo progresivamente (11), por lo que si abandonamos el consumo de lactosa durante un tiempo y volvemos a tomarla con los años, es posible que ya no la toleremos igual de bien que antaño.

IMG_5023
Figura 4. Leche sin lactosa. Fuente: elaboración propia.

Tratamiento y enfoque terapéutico

El enfoque terapéutico más común consiste en suprimir o reducir la leche y los derivados lácteos. Como ya hemos visto, la tolerancia a la lactosa varía mucho en función de la persona, por lo que habrá personas con intolerancia a la lactosa que toleren una mayor cantidad de productos lácteos que otros (8,11,12). Lo cierto es que el 70-80% de los pacientes mejoran la sintomatología tras la eliminación de la lactosa en la dieta (8). Que haya otros tantos que no lo hagan podría deberse a que padecen el SII (8), por lo que es primordial hacer un correcto diagnóstico.

En la actualidad, se están investigando otros enfoques terapéuticos, tales como la beta-galactosidasa exógena o los probióticos, de tal manera que, con la reducción del tiempo de tránsito gastrointestinal, se prolongue el tiempo de contacto de la lactasa y el sustrato (11,12). Además, la aparición de productos catalogados como “sin lactosa”, permiten que las personas intolerantes a la lactosa a las que les gusta la leche puedan seguir tomándola. Estos alimentos son bien digeridos por las personas intolerantes debido a que la lactosa que contenía la leche está predigerida, ya que incluyen la enzima lactasa en la fórmula del producto (11).

Conclusión

Hay que tener claro que, tanto la leche como los productos o derivados lácteos no son imprescindibles, pero tampoco son un veneno. Miembros de entidades de rigor, como los pertenecientes al Departamento de Nutrición de la Harvard T. H. Chan School of Public Health’s recomiendan no tomar más de 1-2 porciones de lácteos al día (Figura 5). Por tanto, la eliminación de la leche en la dieta de las personas intolerantes a la misma no supone ningún perjuicio para su salud. De la misma manera, no tiene mucho sentido comenzar a comprar productos “sin lactosa” si no somos intolerantes a la misma. De hecho, si creemos que podemos ser intolerantes (quizás porque tengamos, a menudo, sintomatología digestiva como diarrea, náuseas, estreñimiento…), lo mejor es acudir a nuestro médico para determinar si, efectivamente, se trata de una intolerancia a la lactosa o de otra patología.

healthy-plate-harvard
Figura 5. Healthy Plate de Harvard. Fuente: https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/healthy-eating-plate/translations/spanish/

Hay quien podría pensar que, si descartamos la leche, habrá un déficit de calcio en la dieta, pero lo cierto es que hay muchos otros alimentos que contienen este micronutriente (almendras, almejas, espinacas, acelgas, etc.). Otras cuestiones serían las relativas a los gustos personales, es decir, si hay gente con intolerancia a la lactosa a la que le gusta tomar leche y no quiere dejar de hacerlo, siempre puede tomar leche “sin lactosa” o incluso otro tipo de bebidas de aspecto similar (como leche de almendra o bebida de soja).

También es cierto que una persona que padezca intolerancia a la lactosa debería fijarse bien en el etiquetado de los productos, para determinar si estos contienen leche y, en consecuencia, lactosa. Aun así, la costumbre de mirar el etiquetado no debería suponer un esfuerzo para las personas que sufren esta condición, ya que todos (cada vez más) deberíamos ser conscientes de qué estamos comiendo y prestar especial atención a la composición nutricional de los productos alimentarios y, más especialmente, a los ingredientes que se usan en la elaboración de los mismos.

Bibliografía:

  1. ADILAC [Internet]. Asociación de intolerantes a la lactosa de España; 2016 [actualizado 5 nov 2017; citado 23 may 2017]. Disponible en: http://lactosa.org/la-intolerancia/primeras-preguntas/.
  2. Juan Revenga. Intolerancias que son la leche: Intolerancia a la lactosa [Internet]; 2012 [actualizado 5 nov 2016; citado 23 may 2017]. Disponible en: http://blogs.20minutos.es/el-nutricionista-de-la-general/tag/lactasa/.
  3. Vandenplas Y. Lactose intolerance. Asia Pac J Clin Nutr. 2015;24 Suppl 1:S9-13.
  4. Silanikove N, Leitner G, Merin U. The Interrelationships between Lactose Intolerance and the Modern Dairy Industry: Global Perspectives in Evolutional and Historical Backgrounds. Nutrients. 2015 Aug 31;7(9):7312-31. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26404364.
  5. Deng Y, Misselwitz B, Dai N, Fox M. Lactose Intolerance in Adults: Biological Mechanism and Dietary Management [Internet]. Nutrients. 2015 Sep 18;7(9):8020-35. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4586575/.
  6. Medlineplus.com [Internet]. Intolerancia a la lactosa; 2016 [actualizado 5 nov 2016; citado 23 may 2016]. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000276.htm.
  7. Medlineplus.com [Internet]. Pruebas de tolerancia a la lactosa; 2016 [actualizado 5 nov 2016; citado 23 may 2016]. Disponible en: https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/003500.htm.
  8. Moreira V F, López San Román A. Intolerancia a la lactosa. REV ESP ENFERM DIG (Madrid) Vol. 98. N.° 2, pp. 143, 2006.
  9. Holtug K, Clausen MR, Hove H, Christiansen J, Mortensen PB. The colon in carbohydrate malabsorption: short-chain fatty acids, pH, and osmotic diarrhoea. Scand J Gastroenterol. 1992 Jul;27(7):545-52.
  10. Domínguez-Jiménez J L, Fernández-Suárez A. Diagnosis of lactose intolerance. Medicina Clínica (English Edition), Volume 148, Issue 6, 22 March 2017, Pages 262-264.
  11. Perino A, Cabras S, Obinu D, Cavalli Sforza L. Lactose intolerance: a non-allergic disorder often managed by allergologists. Eur Ann Allergy Clin Immunol. 2009 Feb;41(1):3-16.
  12. Amiri M, Diekmann L, von Köckritz-Blickwede M, Naim HY. The Diverse Forms of Lactose Intolerance and the Putative Linkage to Several Cancers. Nutrients. 2015 Aug 28;7(9):7209-30.
  13. Brüssow H. Nutrition, population growth and disease: a short history of lactose. Environ Microbiol. 2013 Aug;15(8):2154-61.
  14. Harvard T.H. Chan – School of Public Health [Internet]. El plato para comer saludable [actualizado 21 may 2017; citado 24 may 2017]. Disponible en: https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/healthy-eating plate/translations/spanish/.

 

7 comentarios sobre “Intolerancia a la lactosa, ¿qué es y qué no es?

Agrega el tuyo

  1. Enhorabuena por el artículo. Tengo una pregunta relacionada: para una persona no intolerante a la lactosa, ¿es recomendable sustituir la leche de vaca por otro tipo de bebidas vegetales? Como “leche” de avena, soja o almendra, etc… ¿Hay alguna más saludable que otra o depende de las necesidades o preferencias personales de cada individuo? Un saludo.

    Me gusta

    1. Hola, AjRazor. Te comento:
      Si te gusta la leche y no tienes intolerancia a la lactosa, puedes tomarla sin problema, teniendo en cuenta que no se recomiendan más de 2 raciones de lácteos al día. Sustituir la leche por bebidas vegetales tiene sentido si:
      • Así lo decides por motivos éticos o de sostenibilidad (si eres vegetariano estricto o vegano, por ejemplo).
      • Eres intolerante a la lactosa.
      • No te gusta la leche.
      Una bebida de soja o de avena no es, necesariamente, más saludable que la leche. Te recomiendo que te fijes en el etiquetado cuando compres bebidas vegetales para que no te la cuelen. De hecho, en la mayoría de los casos se trata de bebidas procesadas, con mucho azúcar y muy poco producto (hay bebidas “de soja” con un 1 o 2 % de la misma). Espero haberte aclarado la duda.

      ¡Muchísimas gracias por comentar!

      Le gusta a 1 persona

  2. Buen artículo¡¡¡ Quisiera destacar el engaño que existe por parte del interés “económico” para que acabemos consumiendo todo tipo de alimentos procesados sin mirar la etiqueta (como comentáis arriba), desvirtuando la realidad y la opinión de la gente. Apoyo totalmente la objetividad de MyNutritor.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: