Dieta baja en FODMAP y síndrome del intestino irritable

En primer lugar, cabría decir que FODMAP es un acrónimo que deriva del inglés “Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharide And Polyol” 1,2,3,4,5,6,7, que en castellano vendría a ser “Oligosacáridos Fermentables, Disacáridos, Monosacáridos y Polioles”. Como se puede observar, los polioles (también polialcoholes o azúcares alcohol) están incluídos dentro de este grupo (xilitol, eritriol, manitol, sorbitol; muy usados como edulcorantes). Pero no sólo ellos, también lo están otros hidratos de carbono de cadena corta que podemos encontrar, sobre todo, en hortalizas, frutas, legumbres, etc1,2,3. Lo que caracteriza a los FODMAP es, como el propio acrónimo indica, que se absorben muy poco o nada en el intestino, por lo que son altamente fermentados por nuestra microbiota1,2,3,4,5.

Lo interesante es que, desde hace algunos años, las dietas bajas en FODMAP han ido incrementando su presencia en el día a día terapéutico2, ya que se observó que la reducción del consumo de FODMAP podría ser útil para mejorar la sintomatología del síndrome del intestino irritable (SII), un desorden gastrointestinal muy común. De hecho, podría ser recomendable para mejorar, significativamente, síntomas como diarrea, hinchazón y dolor abdominal3,4,5. Y digo “podría”, ya que hay controversia al respecto. Es decir, aunque hay bibliografía reciente que defiende que hay bastante evidencia que apoya la eficacia de una dieta baja en FODMAP ante el tratamiento del SII3,4,5,6,7, también existen dudas sobre si sería adecuado prescribir esta dieta a pacientes con SII a largo plazo, y es que las dietas bajas en FODMAP podrían producir efectos adversos en la microbiota intestinal o, incluso, conducir a una ingesta inadecuada de nutrientes3,4,5,6,7.

En definitiva, parece ser que no podremos tener una opinión totalmente rigurosa al respecto de esta dieta hasta que no se dilucide si los beneficios de la misma son superiores a los posibles perjuicios, de tal manera que hagan visible la completa viabilidad de su prescripción a largo plazo ante personas afectadas por el SII.

Para ampliar información, podéis acceder a un post de Julio Basulto titulado: Dieta FODMAP para el síndrome del intestino irritable: no hay consenso.

Bibliografía:

  1. Gibson PR, Shepherd SJ. Personal view: food for thought–western lifestyle and susceptibility to Crohn’s disease. The FODMAP hypothesis. Aliment Pharmacol Ther. 2005 Jun 15;21(12):1399-409.
  2. Gibson PR. History of the low FODMAP diet. J Gastroenterol Hepatol. 2017 Mar;32 Suppl 1:5-7.
  3. Nanayakkara WS, Skidmore PM, O’Brien L, Wilkinson TJ, Gearry RB. Efficacy of the low FODMAP diet for treating irritable bowel syndrome: the evidence to date. Clin Exp Gastroenterol. 2016 Jun 17;9:131-42.
  4. Molina-Infante J, Serra J, Fernandez-Bañares F, Mearin F. The low-FODMAP diet for irritable bowel syndrome: Lights and shadows. Gastroenterol Hepatol. 2016 Feb;39(2):55-65.
  5. Mansueto P, Seidita A, D’Alcamo A, Carroccio A. Role of FODMAPs in Patients With Irritable Bowel Syndrome. Nutr Clin Pract. 2015 Oct;30(5):665-82.
  6. Catassi G1, Lionetti E2, Gatti S3, Catassi C4. The Low FODMAP Diet: Many Question Marks for a Catchy Acronym. Nutrients. 2017 Mar 16;9(3).
  7. Eswaran S. Low FODMAP in 2017: Lessons learned from clinical trials and mechanistic studies. Neurogastroenterol Motil. 2017 Apr;29(4).

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